Siento mucho por lo que se te ha convertido desde entonces hasta hoy. Un delicado y fresco manojo de nervios color hueso, que reemplazó el rocío por gotitas de sudor en ambas palmas. El viento, que ha decidido no mecerla mas, la ha entregado en custodia de cortos episodios de una extraña epilepsia mental, que la sacude sin piedad hasta dejarla tirada en la cama, mirando lo más arriba posible, siguiendo así aquel consejo que alguna vez le dieron para ignorar la tristeza. Luciérnagas de un sonido molesto, le torturan ambos tímpanos, sin rendirse jamás, como obligándola a despertar y a descolgar los pies en ese inmenso vacío entre cama y suelo, y mecida entre los descuidos del recuerdo, corre sin dirección escapando de lo único que la ha mantenido hasta este momento… sus propios miedos.